viernes, 11 de noviembre de 2022

Amantes seleccion

 Como dibujando un Mandala

Al escribirte puedo llegar al nivel de relajación de un monje tibetano

Puedo poner mis ondas cerebrales Alpha, Betha, Theta y Gamma en total armonía y mi ser se transporta al nirvana de las fantasías en las que tomo tu mano y volamos a tomar un café en el París de los años 20, la época más despreocupada y libertina de la historia y contemplamos el Sena sin preocupación alguna, saboreando la tarde hasta cuando se funde con el anochecer.

 

Entonces en ese momento emprendemos la retirada lentamente por las calles torcidas y empedradas hasta una vieja pensión en la que alquilamos una pequeña buhardilla con chimenea en la que hacemos el amor sobre el tapete y bebemos vino con una tabla de quesos.

 

Nos despierta el frio de la madrugada y corremos hacia la cama a ras del suelo en la que continuamos un abrazo eterno para calentar los cuerpos y sobre todo el alma y hacemos el amor nuevamente

Como dibujando un mandala…

 

 

 

 

 

 

 

 

Torso

 

 

 

 

 

 

Después

Te recostarás sobre mi torso

exhausta

Acariciarás mi pecho con los ojos entreabiertos

 

Escucharás el latir presuroso de mi corazón desnudo

 


Amantes

 

No existe, otro pensamiento
que entregarme al deseo
que emana... de tu deseo...
porque el deseo es mío..
porque el deseo es nuestro

 

El deseo de poseernos, libera...
se despierta el gemido...

que yacía, en silencio
y el cuerpo se expande...

 y la piel se humedece
y los labios carnosos...

aplacan la sed
y el vientre se contrae..
con cada movimiento
de dos seres que en el éxtasis..
libertan la esencia

y se borran... las huellas gastadas
que deja... la cama del cansancio

Como amantes, entregamos todo
la verdad del mundo exterior, no existe
solo existe ese único momento
en que el paroxismo es el único...
pensamiento.

Tras el cristal

 

Cuando te siento allí

al otro lado del espejo 

en ese mundo de fantasías que es tuyo y mío 

 

ese mundo que nos ha regalado tanto gozo que se desborda por todos nuestros poros 

 

Siento ganas de correr y romper el cristal para abrazarte con fuerza 

 Y arrebatarte de los brazos del destino 

 Me dan ganas de correr a tus brazos y desgarrarte a tirones las ropas 

 ganas de besarte hasta irritarte los labios 

 para beberte toda de un solo trago 

 y calmar de una vez por todas esta sed que me desespera 

esta sed que solo puedo calmar bebiendo de la ambrosia de tu cuerpo 

con el néctar de tu mirada y tu sonrisa 

 a la sombra del Sauce más grande y antiguo en el jardín del gigante

 

en el que nunca llega el invierno.

 


 

Instantes eternos

Hemos conseguido la inmortalidad 

tus besos jamás se olvidarán de mi memoria 

igual que el sabor de tus senos tibios y tu espalda tersa cuando te poseo

 

Hemos preservado en la sustancia misteriosa del universo 

 la sensación infinita del amor primero 

 no solo por un instante si no hasta que nos duren la piel y la memoria 

 

hasta que el sentido del olfato nos traiga de nuevo sensaciones indescriptibles  

de momentos eternos que le robamos al destino 

 

Hasta le robamos   una noche entera suspendida en placer infinito

para dos 

 Noche de placer y miradas interminables de la que me alimento en las noches frías

Noche única como no hay otra

Diseñado minuto a minuto en la mente de Eros y puesta en escena por el mejor director cinematográfico con la banda sonora de las estrellas bajo un cielo despejado.

 

Instantes eternos grabados en la piel y cada uno de nuestros sentidos.

Inocencia perdida

 

Bastó un timbre rutinario. El sonido acostumbrado del celular que en esta época no era para nada extraño, bastó para quedarse en blanco. Disimuló el entusiasmo apretando los labios.

 

Aquella voz conocida hizo aflorar de sus labios su nombre. Nombre prohibido, nombre encubierto, nombre ensombrecido por muchos nombres como el de ella, pero con un sentido único. Un nombre que le evocaba emociones encontradas y un corrientazo desde la silla turca hasta una cuarta abajo del ombligo.

 

Una voz que entre sorpresa y desconcierto lo transportó inmediatamente a un mundo de fantasías en la penumbra.

Una pausa …

La comunicación entrecortada apenas le permitió hilar la idea de volverse a ver después de tanto tiempo. Volver a extasiarse con sus besos apasionados ya no, de adolescentes ingenuos si no esta vez de amantes experimentados, maestros en las artes amatorias y en conciliar los placeres de la piel y la mente.

El tiempo corría en cámara lenta y su corazón latía presuroso. Sus dedos no respondían ágilmente a sus pensamientos en ebullición. La respiración La respiración al ritmo del fluir de la sangre en las regiones bajas, sus vellos se erizaban por la ansiedad anticipatoria de un encuentro escrito en las líneas de sus manos.

El clima entro en complicidad y la ciudad entera se abría a su paso borrando los inconvenientes acostumbrados, simplemente dando espacio a que las emociones se aplacaran lo suficiente y los sentimientos se pusieran en perspectiva.

Una cita de amor, una cita clandestina esperaba tras la puerta de aquel sitio familiar para ellos. Su oasis en medio del desierto de la más cruel incertidumbre. Incertidumbre indolente y fría que les castigaba a su antojo pero que también les premiaba con pequeños postres que ellos sabían disfrutar sorbo a sorbo.

Otra llamada en el camino le congeló el corazón por el temor de una cancelación posible. Contestó temeroso y expectante, sin embargo, la voz de ella recalentó aquellas ganas inmensas que se les derretían entre las piernas.  Su corazón de nuevo de nuevo se agitaba y sus dedos trascribían torpemente todo aquel maremágnum de emociones.

 

Llegaban a su mente muchos momentos de pasión y gran placer bajo el poderío de las letras que una vez les unieron en una obra inédita de la vida. Ya no sabían dónde empezaba la realidad y empezaba la fantasía de dos almas traviesas que una vez decidieron caprichosas alterar sus caminos por una senda del todo incierta.

 Planeó en su mente tres caricias bien ensayadas para perfeccionar aquel encuentro. Era su obra de arte, ella, sus letras y las caricias coreografiadas con cuidado artesanal. Cada movimiento ensayado al igual que los grandes bailarines.

Él quería correr y hasta volar hacia sus brazos para beber de nuevo de su seno aquella conocida ambrosía de los dioses, para sentir sus labios en su vientre humedeciendo con caricias su pecho frío.

Deseaba profundamente abrirla como una mandarina en día caluroso. Imaginaba cada cuadro como lo hace un director de cine. Con vestuario escaso, pero con accesorios nuevos en aquella en la que el sol se negaba en ocultarse.

El tiempo se estancó de nuevo, la ciudad ya empezaba a tornarse perezosa, los trabajadores se apresuraban a regresar a casa temerosos de las movilizaciones estudiantiles y los consabidos trancones del milenio. Al medio día el presidente anunciaba sorpresivamente en actitud comprensiva y paternal que daba su brazo a torcer ante los estudiantes que amenazaban acampar frente a palacio.

Llegó la bruma de la ciudad enorme y con ella una tensa calma en sus corazones.

 

¿Cuánto tiempo más? - Gritaba ella

¿Cuánto tiempo más? - clamaba él, que aplacaba las ganas escribiendo fantasías.

 

La tomaría en sus brazos con ternura por un largo tiempo. La besaría en la boca con pasión, sin dejarla siquiera pensar.

Le quitaría prenda a prenda, una a una. Le besaría los senos con cuidado acariciando con la lengua sus albos pezones pequeños. La arroparía contra su pecho al sentirla vulnerable y le dejaría viajar hacia el fondo de su corazón.

No entregaría sus secretos. Conversarían brevemente sobre sus vidas en el mundo real evitando sistemáticamente los capítulos dolorosos. Se pondría antifaces de fiestas pasadas para jugar a ser personajes de carnaval.

La distancia se acortaba palmo a palmo y la cita se cumpliría a la hora acordada.

Ella bebería de su néctar con ansia infinita una y otra y otra vez. Dejarían todo su sudor en las sábanas blancas justo antes de caer la noche anunciando el inicio de la nueva luna de incertidumbre    por no saber ni el día ni la hora el tiempo o la distancia que inexorablemente los volvería a separar.

¿Acaso podría ser otro el destino de los amantes furtivos escapados de la vida un miércoles por la tarde?

 

Un adiós escondido en la sombra de una cornisa y disipado por el ruido de la noche. Una espalda que se pierde entre la gente de la calle, una mueca que se seca con el frio.

 

 Fin