Ella se
escabulló aquella tarde de Julio, de Julio y de su mundo de
Terraplana que hasta el momento la había llenado todo el espacio del que
disponía. Era feliz.
Alternaba sus tareas
cotidianas, con el ventanal múltiple que le permitió sospechar que existía otro
mundo más allá del horizonte de las azoteas de los vecinos de toda la vida.
El corazón se
le salía del pecho, se le secaba la garganta pero se le humedecían los
labios, mientras leía una breve nota que la invitaba a una cita en un
lugar desconocido para ella, distante de las rutinas de su diario
transitar .En ese monstruo de ciudad cualquiera se asustaría de encontrarse con
un completo desconocido, “con tanto psicópata que anda suelto por allí”.
Decidió el día anterior, no acudir a la cita.
El día
señalado llovió toda la mañana de manera pertinaz, el cielo le
confirmaba que no debía salir esa tarde. Su amada familia la
adulaba, la necesitaba, la invadía, la asfixiaba, mientras su
pensamiento estaba fijo en los ojos que había visto por tantos días. Pero
una hora antes de la cita, acabó de llover se despejó el cielo.
Todo el tiempo
de verse por fotos y escribirse a diario poemas
eróticos, le habían llenado de fuerzas para alistarse a salir
al mundo exterior. Colocó un mensaje en su red , confirmando
sitio y hora; sitio que ella había propuesto como alternativa y él
rechazado dos días antes .Se alistó para deslumbrarlo a primera vista. El
color rosa de su ropa contrastaba a la perfección con su tez trigueña y
su nuevo corte de cabello.
Se llevó las
manos a la boca al verlo de improviso a tres metros de distancia, él se acercó
decidido con expresión calmada, le dio la mano sin detenerse y
moviendo la cabeza buscando orientación le preguntó apresurado por
algún sitio para tomar un café. Ella no conocía un lugar cercano
apropiado para leer poemas recién horneados. Acudir al pasado , a los lugares
antiguos de la ciudad pareció entonces la mejor alternativa .Su corazón se le
quería salir del pecho tanto a él como a ella , se miraban sin poder todavía a
creer que el otro había salido de su cómodo mundo virtual , se tomaban de
la mano como un par de viejos amigos.
La llegada a la
plaza antigua fue igual que llegar a cualquier país amerindio de
influencia española ,la plaza más pequeña que en los videos turísticos , la
pequeña capilla ,la fuente tradicionalmente ubicada , los arcos, el
callejón, los transeúntes indiscretos aparentemente indiferentes ,el frío de
la tarde que no quería empezar a dormir .El sol cayendo
perezoso sobre la pared del café más antiguo de la plaza les indicó el
camino más obvio.
El tiempo
transcurrió al ritmo de los poemas de su libro , si , un libro de
ellos , único en el mundo , hecho para ese momento , hecho para la eternidad ,
hecho para trascender distancias y cualquier diferencia que les pudiera separar
, hecho para acercarse desnudo uno al corazón del otro.Se escucharon mil
suspiros sobre el fondo de las canciones de Silvio, sazonaron aquel
libro con mucho café , con muchos besos que le robaron al tiempo .
Ella le besó
tímidamente pero con pasión, todo su cuerpo temblaba de miedo a lo desconocido,
sus manos se crispaban, sus ojos decían todo lo que su corazón sentía y su
mente no podía traducir en palabras. Él no podía quitarle Las manos
de encima.
El mundo
exterior desapareció por completo. Los aromas de sus cuerpos se
fundieron en un solo abrazo, estaban en Lima o en Quito, no recuerdo. El frío
se colaba por la ventana antigua la luz de la lámpara pincelaba claroscuros a
las letras de aquel libro salido de las entrañas de los dos, acrisolado por el
calor de sus vientres, por la pasión derramada de sus pechos.
Preludio para Una gran sinfonía
El necesitaba cantar una canción a su oído
cantarla con el corazón abierto
con las ganas al rojo vivo
Necesitaba afinar sus dedos para la gran sinfonía
aclarar su voz
humedecer sus labios para ella
Ella necesitaba lamer chocolate caliente
de su torso ,de sus manos
de su vientre
de su alma
Necesitaban derramar toda la pasión reprimida bajo la piel
necesitaban desnudarse frente a frente
con la inocencia de un par de niños
y la pasión de dioses del Olimpo
Necesitaban estrenarse el uno al otro
Aun que fuera por un segundo
Un minuto
O Un siglo .
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