(Relato)
Amilkar A. Brunal
Ella se escabulló aquella tarde
de Julio, de Julio y de su mundo de Terraplana que hasta el momento la
había llenado todo el espacio del que disponía. Era feliz.
Alternaba sus tareas cotidianas, con el computador,
ventanal que le permitió sospechar que
existía otro mundo más allá del horizonte de las azoteas de los vecinos de toda
la vida.
El corazón se le salía del pecho, se le
secaba la garganta pero se le humedecían los labios, mientras leía una
breve nota que la invitaba a una cita en un lugar desconocido para ella,
distante de las rutinas de su diario transitar .En ese monstruo de ciudad
cualquiera se asustaría de encontrarse con un completo desconocido, con tanto
psicópata que anda suelto por allí. Decidió el día anterior, no acudir a
la cita.
El día señalado llovió toda la mañana
de manera pertinaz, el cielo le confirmaba que no debía salir esa tarde
.Su amada familia la adulaba, la necesitaba, la invadía, la
asfixiaba, mientras su pensamiento estaba fijo en los ojos que había
visto por tantos días. Pero una hora antes de la cita, comprobó con desconcierto como dejaba de llover, se despejó el cielo.
Todo ese tiempo de verse por
fotos y escribirse a diario poemas de amor, le habían
llenado de fuerzas para alistarse a salir al mundo exterior. Colocó
un mensaje en su red social confirmando sitio y hora; sitio
que ella había propuesto como alternativa y él había rechazado dos días antes .Se alistó para
deslumbrarlo a primera vista. El color rosa de su ropa contrastaba
a la perfección con su tez trigueña y su nuevo corte de cabello.
Se llevó las manos a la boca al verlo de improviso
a tres metros de distancia, él se acercó decidido con expresión calmada, le dio
la mano sin detenerse y moviendo la cabeza buscando orientación le
preguntó apresurado por algún sitio para tomar un café. Ella no
conocía un lugar cercano apropiado para leer poemas recién horneados.
Un salto al pasado , a los lugares antiguos de la
ciudad pareció entonces la mejor alternativa .Su corazón se le quería salir del
pecho, tanto a él como a ella .Se miraban sin poder todavía creer que el otro había salido de su ”
Rosa Purpura del Cairo” .Se tomaban de
la mano como un par de viejos amigos .
La llegada a la plaza antigua fue igual que llegar
a cualquier país amerindio de fundación española. La plaza más pequeña que en los
videos turísticos , la capilla de postal ,la fuente tradicionalmente ubicada ,
los arcos, el callejón, los transeúntes aparentemente indiferentes ,el frió de
la tarde que no quería empezar a dormir .La escenografía y los
extras, estaban perfectamente dispuestos
para la puesta en escena .
El sol cayendo perezoso sobre la pared del
café más antiguo de la plaza les indicó el camino más obvio .Los
empleados del café sonreían amables a su paso, ofrecían diligentes los
productos de la casa.
La tensión entre ellos empezó a declinar con la
ayuda de la música y el murmullo de los asistentes a aquel recital de dos almas
que se encuentran por vez primera .
El tiempo transcurrió en cámara lenta al ritmo de los poemas de su libro. Si ,
un libro de ellos , único en el mundo , hecho para lanzarse en ese preciso momento , hecho para la eternidad , hecho para
trascender distancias y cualquier diferencia que les pudiera separar , hecho
para acercarse desnudo uno al corazón del otro .
Se escucharon mil suspiros sobre el fondo de las
canciones de Silvio, Sazonaron cada página con mucho café y con muchos besos que le robaron al tiempo y al destino .
Ella le besó tímidamente pero con pasión,
todo su cuerpo temblaba de miedo a lo desconocido, sus manos se crispaban, sus
ojos decían todo lo que su corazón sentía y su mente no podía traducir en
palabras.
El mundo exterior desapareció por completo.
Los aromas de sus cuerpos se fundieron en un solo abrazo, estaban
en Pasto, Lima o en Quito, no recuerdo. El frío se colaba por las rendijas de
la ventana colonial , la luz de la lámpara pincelaba claroscuros a las letras
de aquel libro salido de las entrañas de los dos, acrisolado por el calor de
sus vientres, por la pasión derramada de sus pechos.
Ella deseaba sus caricias tiernas y tibias, anhelaba
los besos apasionados a la luz de las velas en su pequeño prado interior;
anhelaba las caricias tiernas en su delta de Venus .mil suspiros retenidos en un noche de pasión.
Anhelaba sentir el peso de su cuerpo, su olor a sudor de jornalero, anhelaba
todo aquella fuerza sobre su ser, fuerza aun no sentida. Ella necesitaba lamer
chocolate caliente de su torso, de sus manos, de su vientre, de su alma.
El necesitaba cantar una canción a su oído. Cantarla
con el corazón abierto ,con las ganas al rojo vivo. Necesitaba afinar sus
dedos para la gran sinfonía. Necesitaba
aclarar su voz callada por muchos años. Deseaba Humedecer sus labios
para que ella disfrutara como nadie, esa
gala prometida .
Necesitaban derramar toda la pasión reprimida bajo
la piel. Ellos necesitaban desnudarse frente a frente con la
inocencia de un par de niños y la pasión de Marte y Venus. Necesitaban estrenarse el uno al otro
aun que fuera por un segundo un minuto o un siglo.
Fin
El beso
Como dos colegiales escapados un viernes en la tarde,
apaciguaron sus ansias con besos tibios y café granizado en un tren que
viajaba hacia la fantasía .
Pero no una fantasía de adolescentes, mas bien la
fusión de dos cuerpos apasionados calentándose mutuamente
con el roce furtivo frente a las figuras indolentes que se exhiben en el museo . El beso que se dieron al encontrarse, hizo ver
al de Rodín como un aprendiz de artes plásticas
y habría sido la envidia de los
clásicos .
La Venus dormida nunca abrió los ojos a pesar de
los comentarios calientes que se hacían muy cerca a sus oídos. La espalda de
ella recibiría con agrado todo el calor del pecho y los brazos de él mientras
le rozaba la pelvis contra el culo con
ganas de comérsela de pie , mirando con sorpresa a las montañas .
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